De los espacios salvajes de la Pequeña Camarga a las calas de la Costa Bermeja, el destino Occitanie, Pyrénées-Méditerranée ofrece una costa única de más de 220 kilómetros a lo largo del Mediterráneo.

Espacios salvajes, playas de arena fina, puertos pesqueros, zonas de buceo.... La costa guarda su tesoros celosamente preservados, ya sea el soberbio escenario de Collioure, la reserva natural de la Clape, las zonas de buceo de Cabo d'Agde, el lido cerca de Sète, el ambiente único, situado entre el mar y los estanques, de Gran Travers entre Carnon y La Grande Motte, la inmensidad de los once kilómetros de playa virgen del Espiguette en Le Grau du Roi.

Más de 200 kilómetros de costa

Aigues-Mortes y la pequeña Camarga

Al oeste del Ródano, desde el mar hasta las Costières du Gard, la pequeña Camarga se extiende por un mosaico de paisajes. Viñedos y arrozales, tierras agrícolas que riegan las "roubines" (canales). Prados y marismas donde pastan los toros negros y los caballos blancos de la Camarga. Cañaverales, entre marismas y lagunas, que se tiñen en otoño del color rojo de la salicornia. Juncal que cobija garzas púrpuras, avetoros, patos y otras aves que anidan en el agua.

Rodeada de imponentes murallas flanqueadas por seis torres, incluida la de Constance, símbolo del poder de San Luis, Aigues-Mortes se asemeja a una ciudadela de piedra en un universo de agua. Las callejuelas y las plazas arboladas de la ciudad respiran el placer de vivir. Desde el adarve de las murallas, las marismas saladas dibujan una geometría en tonos rosa, azul y ocre. La flor de sal, cosechada manualmente por los salineros, forma montículos blancos al borde de las aguas intensamente brillantes ("camelles" o montañas de sal).

Sète y el estanque de Thau

Si "la isla singular", como se la conoce, es ahora el primer puerto de pesca del Mediterráneo, su vocación no es nueva y ha quedado marcada en la configuración de Sète. Callejuelas estrechas flanqueadas de casas estrechas de coloridas fachadas, ropa colgada en las ventanas, sillas en la acera para tomar el fresco y conversar...

De Bouzigues a Mèze, las bateas de moluscos forman extensas cuadrículas en el estanque de Thau. La ostra es la perla de la laguna, donde las granjas se abren a veces a las visitas y venden directamente su producción de ostras y mejillones. ElMusée de l’étang de Thaupone de relieve todos los aspectos de la tradición ostrícola, que ha hecho famosa a esta laguna, conocida también por su biodiversidad. Un paseo por la ensenada del Angle, partiendo del museo y bordeando la laguna, permite impregnarse de su extraordinario ambiente y ver, a la sombra de los pinos, la espectacular zambullida de los charranes o el paso gracioso de la elegante avoceta.

La Clape y la Narbonnaise

Las largas playas de arena, las marismas y lagunas, y sus golfos límpidos cantados por Trenet bañan las estaciones balnearias. Narbonne-Plage tiene muchas actividades náuticas; Saint-Pierre la Mer tiene la playa más salvaje, que se extiende hasta el estanque de Pissevaches; Gruissan, un antiguo pueblo de pescadores y viticultores, con sus cabañas sobre pilotes; Port-la-Nouvelle y su larga playa de La Palme; Leucate, lugar famoso para la práctica del carro a vela y el kitesurf, así como por su imponente acantilado sobre el mar; La Franqui posee una de las playas más bellas de Francia...

En el corazón de la naturaleza preservada del Parque Natural Regional, la Narbonnais revela sus numerosas facetas, entre la garriga y los viñedos

Côte Catalane et Côte Vermeille

Desde Barcarès hasta Argelès-sur-Mer, la costa catalana, también denominada Costa Radiante, se extiende a lo largo de seis kilómetros de playas de arena entre el mar y las lagunas.

La Costa Bermeja es una paleta de colores: el azul del mar, el blanco de las cimas de los Pirineos, el verde de los bosques y de las colinas surcadas por las viñas, las calas turquesas, las playas doradas... Aquí, la arena da paso a las rocas y el macizo de los Albères se sumerge en el mar. Las playas se instalan en las calas y los puertos en los huecos de las bahías... Argelès-sur-Mer y la playa virgen de Racou, Collioure, Port-Vendres y su pueblo construido en una colina frente a la laguna, Banyuls, célebre por sus vinos y sus pintorescas calles, Cerbère y su increíble hotel Rayon Vert. La costa salvaje y los cabos de Béar y Rédéris, extienden la magia de la costa del Rosellón hasta España.

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